El azul maya enigmático y presente en Cacaxtla

El azul maya enigmático y presente en Cacaxtla

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16 de julio de 2017/redacción

El azul maya presente desde hace 42 años en Cacaxtla, es asombrosamente resistente al paso del tiempo, a la acidez, a la erosión por acción de los elementos naturales, a la biodegradación e incluso a disolventes químicos modernos.

El pigmento azul ha sido descrito como “uno de los grandes logros tecnológicos y artísticos de Mesoamérica” y se encuentra profusamente aplicado en los murales prehispánicos de Cacaxtla.

El rasgo distintivo de Cacaxtla son, sin duda, sus pinturas murales, cuyo arte pictórico se caracteriza, fundamentalmente, por el empleo de la figura humana de trazo naturalista.

La pintura mural fue realizada por artistas que combinaron técnicas mayas y teotihuacanas, dando por resultado unos murales de factura impecable y una iconografía única en su tipo.

La técnica utilizada fue al fresco, en donde se usaron pigmentos tales como el azul maya, amarillos, rojos, ocres, blancos y negros.

La iconografia presenta extraordinarias representaciones de varias figuras mayas y glifos en náhuatl, ideas y formas de dos áreas muy distantes y distintas que se fundieron en una extraordinaria creación pictórica y de gran riqueza simbólica.

Sin duda, estas pinturas son un reto para los arqueólogos y un motivo más de regocijo para todo aquel turista que visita el sitio.

El Mural de la Batalla o el Sacrificio Divino

Ubicado en el lado norte del Gran Basamento se encuentra este mural, el cual tiene una longitud de 22 m. de largo.

Los personajes presentes son guerreros de dos grupos étnicos diferentes: los guerreros jaguar de origen teotihuacano, se identifican sometiendo al grupo contrario y portan faldellines, taparrabos y armas.

Además de conservar la cabeza y garras de este felino.

Por su parte, los guerreros ave o águila identificados como mayas, están en posición de vencidos y sólo dos de ellos permanecen de pie; su vestimenta es a base de plumajes azules y tocado con pico de ave.

Estos murales posiblemente fueron realizados hacia el 650 d.C., ya que en ese momento la arquitectura, la pintura y el relieve refrendan la confluencia de elementos de diversas partes de Mesoamérica.

El Mural del Hombre Jaguar

Pasando este mural se aprecia un edificio que tiene una estructura de forma cuadrangular dividida por un pórtico y un aposento; en su interior se observan dos muros de adobe que lo dividen en tres espacios.

En el muro norte de este edificio se encuentra este otro mural, enmarcado con motivos zoomorfos acuáticos y que representa, sobre un fondo rojo, a un personaje envuelto con piel de jaguar.

Lleva en sus brazos un atado de lanzas del que brotan ocho gotas de agua que caen sobre la cabeza de una serpiente con piel de jaguar.

En el muro sur, también con motivos acuáticos y sobre un fondo rojo, se representó a un señor con elementos de ave, parado sobre una serpiente emplumada y portando en sus brazos una barra ceremonial, elemento maya.

Estos murales fueron pintados aproximadamente hacia el 750 d.C.

En la jamba sur se encuentra un personaje ricamente vestido, danzando con un caracol marino de procedencia maya y los dos numerales son del altiplano.

En la jamba norte se observa un personaje cubierto con una piel de jaguar portando un penacho de plumas; en la mano izquierda sostiene una serpiente de cuyo vientre brota una planta con flores amarillas.

En el brazo derecho porta un recipiente con el rostro de Tláloc, del que brotan las aguas del sur.

Como puede apreciarse, el componente maya aparece en aspectos generales de estilo, personajes, objetos, pero los símbolos directos, los que definen el tema glifos, numerales y dioses representados, son del altiplano.

Los Murales del Templo Rojo

Es muy posible que estos sean los murales más bellos de este sitio.

Sobre un fondo rojo se impone un personaje cuyos rasgos lo identifican con un viejo que porta un yelmo con cabeza de jaguar, en la mano derecha sostiene un bastón que se entierra sobre la serpiente emplumada.

Sobre este brazo cuatro círculos alineados verticalmente y sobre ellos la cabeza de un tlacuache, por lo que se ha identificado como el “Señor Cuatro Tlacuache”.

Atrás de éste se distingue el cacaxtli o bulto de carga que contiene plumas preciosas, cacao, una caparazón de tortuga y una cabeza de lagarto.

Este mural es de gran relevancia en el sitio y es llamado así por la predominación de este color en las pinturas.

Destaca también el llamado “Mural del Maíz” que muestra una planta en color azul y cuyos frutos son cabezas de seres humanos.

El Mural de Venus

Finalmente, el Templo de Venus es un recinto que se ubica al oeste del basamento. Las columnas que forman el pórtico están decoradas con pintura mural en donde se representan figuras humanas.

Una de las cuales posee rasgos femeninos con policromía en azul maya y de la cual sólo se aprecia uno de sus senos.

En la cintura y caderas porta un faldellín de piel de jaguar complementado por un elemento similar a un caracol recortado, que al centro porta un elemento invertido correspondiente a la ceja azul.

De este personaje destaca su máscara de color azul, de la que sobresalen, en la parte superior, elementos blancos aún no identificados.

Sobre su cuello descansa un collar de cuentas y por debajo de sus brazos, plumas y tres elementos colocados en la parte posterior derecha e izquierda muy similares a una estrella marina cortada.

Se les identifica como sacerdotistas dedicados al culto de Venus, también de Tláloc porque sus tocados y elementos confirman el culto al agua, a la nube que cubre y descubre lo divino.

RESUELVEN EL MISTERIO DEL PIGMENTO AZUL MAYA

Antropólogos del Wheaton College Illinois y del Museo Field, han descubierto cómo los antiguos mayas fabricaban un inusual y extensamente estudiado pigmento azul.

Se usó en ofrendas, alfarería, murales y en otros contextos de gran parte de Mesoamérica entre aproximadamente los años 300 y mil 500 de nuestra era.

Identificado por primera vez en 1931, este pigmento azul conocido como Azul Maya, ha desconcertado durante años a arqueólogos, químicos y científicos de los materiales, a causa de su inusual estabilidad química.

Su composición y su persistente color en uno de los climas más severos del mundo.

Los antropólogos de este nuevo estudio han solucionado otro viejo misterio: La presencia de una capa de sedimento azul de aproximadamente 4,3 metros encontrada en el fondo del Cenote Sagrado un pozo natural en Chichén Itzá.

Esta capa azul notablemente gruesa se descubrió a comienzos del siglo XX cuando se dragó el pozo.

Chichén Itzá es un importante yacimiento arqueológico precolombino construido por los mayas que vivieron en lo que ahora es la Península de Yucatán en México.

Según relatos textuales del siglo XVI, el azul fue el color del sacrificio para los antiguos mayas.

Pintaban a los seres humanos de azul antes de tumbarlos sobre un altar y sacarles sus corazones aún latiendo. También se pintaba de azul a las víctimas de los sacrificios que luego eran arrojadas dentro del Cenote Sagrado en Chichén Itzá.

Además, el azul se utilizó en murales, alfarería, incienso copal, caucho, madera y otros artículos arrojados al pozo.

La conclusión de la nueva investigación es que la pintura azul para sacrificios encontrada en este sitio no era simplemente un pigmento cualquiera.

Se trataba del famoso Azul Maya, un pigmento importante, vívido y virtualmente indestructible.

El Azul Maya es resistente al paso del tiempo, a la acidez, a la erosión por acción de los elementos naturales, a la biodegradación e incluso a disolventes químicos modernos.

Ha sido descrito como “uno de los grandes logros tecnológicos y artísticos de Mesoamérica”.

Los científicos saben desde hace mucho tiempo que el notablemente estable Azul Maya resulta de un enlace químico único entre el índigo y la paligorskita, un inusual mineral arcilloso.

A diferencia de la mayoría de los minerales arcillosos, tiene largos canales interiores.

Varios estudios han descubierto que se puede crear el Azul Maya calentando una mezcla de paligorskita con un poco de índigo, pero no han podido descubrir cómo exactamente los antiguos mayas fabricaron el pigmento.

La nueva investigación muestra que en Chichén Itzá la fabricación del Azul Maya en realidad formó parte de un conjunto de rituales que se oficiaron junto al Cenote Sagrado.

Específicamente, los mayas fusionaron con calor el índigo y la paligorskita, mediante la quema de una mezcla de incienso copal, paligorskita y probablemente las hojas de la planta del índigo.

Luego, las víctimas de los sacrificios eran pintadas de azul y se las arrojaba dentro del Cenote Sagrado.

En Cacaxtla, los personajes pintados en azul maya son enigmáticos y muestran la presencia de una cultura a la que se le compara con la griega, aunque durante su esplendor guardaron celosamente sus secretos.

Nuestros ancestros los dejaron cuidadosamente protegidos para que llegaran hasta nuestros días, en espera de ser revalorados, admirados y promocionados como punta de lanza para atraer al turismo nacional e internacional.